jueves, 19 de agosto de 2010

tres unidades funcioneles segun luria

Las tres unidades funcionales básicas

Primera Unidad Funcional. Para la producción, regulación y mantenimiento del tono o activación de la corteza cerebral.

Hacia mediados del pasado siglo XX se produjo un descubrimiento importante, que determinó, junto al conocimiento alcanzado sobre la fisiología de la corteza cerebral y su relación con las funciones mentales, la elaboración por Luria y su escuela de una teoría acabada sobre la organización anátomofuncional de los procesos psíquicos en el substrato material del encéfalo.(1)
El descubrimiento de las leyes neurodinámicas fundamentales realizado por Pavlov (2), puso de relieve que precisamente estas leyes caracterizan el estado óptimo de activación del tono cortical, cuya presencia es esencial para el curso organizado de toda actividad nerviosa superior (ANS) o actividad psíquica. Este tono cortical está presente y se mantiene con fluctuaciones, durante la vigilia, desaparece durante el sueño y disminuye en el estadio inmediatamente precedente al mismo; no fue sin embargo, hasta las postrimerías de la década del 40 del siglo XX, cuando se descubre, que las estructuras responsables de la producción y mantenimiento del tono cortical se encuentran localizadas en la región del tallo encefálico y no en el cortex cerebral como se creía hasta ese momento. En 1949 Moruzzi y Magoun (3) descubrieron una estructura situada a todo lo largo del tallo encefálico y región diencefálica, especialmente adaptada por su constitución anatómica y funcional para cumplir el papel de mecanismo activador de la corteza cerebral, denominada por estos autores formación reticular. En el seno de esta formación reticular se identifica un sistema cuyos núcleos de origen se encuentran en el diencéfalo y en la calota mesocefálica y en la parte rostral de la calota protuberancial que posee una influencia activadora sobre toda la corteza cerebral mediante conexiones multisinápticas que ascienden hasta terminar en toda la corteza, estos núcleos de origen de la formación reticular reciben numerosas aferencias directas y colaterales de las vías específicas de la sensibilidad, que conducen la información procedente del medio interno del individuo y del medio externo o ambiental. Esta estructura de la formación reticular intercalada en paralelo respecto al sistema de aferencias corticales específicas de la sensibilidad general y especial en su tránsito hacia el cortex tiene una influencia activadora sobre este último cortex y fue denominado por estos autores: sistema reticular activador ascendente (SRRA), cuya función es la de producir, mantener y regular el tono de activación cortical cerebral necesario para el normal funcionamiento de esta estructura y cuyas fuentes de energía, tienen su origen en los estímulos procedentes, del medio ambiente externo y del interior del sujeto a partir de las aferencias viscerales de los diferentes sistemas y aparatos del organismo. Investigaciones posteriores, precisaron que de los núcleos de la formación reticular del tallo cerebral (encefálico) y del diencéfalo se originaban conexiones descendentes hacia los sectores intercalados y eferentes de los segmentos del tallo cerebral y de la médula espinal.(4,5,6,7) Por intermedio de estas conexiones descendentes se condicionaban respuestas motoras, viscerales y se regulaba la entrada de aferencias por las diferentes vías específicas de la sensibilidad: visceral, gustativa, propioceptiva, éxteroceptiva, vestibular y auditiva, regulándose también por mecanismo semejante la entrada de las aferencias olfatorias y visuales por parte de las estructuras suprasegmentarias respectivas. La organización anátomofuncional de este sistema o formación reticular, se completó con numerosas investigaciones que demostraron que desde la corteza cerebral descendían numerosas conexiones: 1) a los núcleos de origen de la formación reticular de asiento diencefálico que tienen una función de activación selectiva, fásica, moduladora sobre regiones corticales específicas y 2) a los núcleos reticulares de la calota mesocéfalo-pontina del tallo cerebral de acción activadora difusa, tónica o mantenida sobre toda la corteza cerebral en su conjunto.(8, 9, 10) Por su origen filogenético, las porciones más antiguas de la corteza cerebral, conocidas como archicortex y el paleocortex, forman parte de toda esta estructura a la que Luria, denominó Primera unidad funcional o unidad para la activación y regulación del tono cortical. Esta unidad mantiene una estrecha relación funcional con el sistema endocrino y el sistema inmunológico por medio de la inervación visceral y la vía humoral. A ella le están encomendadas importantes funciones vitales reflejas como: 1) la conducta instintiva para la procreación y defensa, imprescindible para la vida y el mantenimiento de la especie animal, 2) la regulación refleja de las funciones vitales psico-neuro-endocrino-inmunológicas que mantienen la homeostasis del organismo (11) y 3) la regulación del sueño, la vigilia, y los diferentes grados de activación cortical acorde con las exigencias del entorno y los intereses del individuo. El aseguramiento del tono óptimo de activación cortical cerebral, que ejerce esta primera unidad funcional, conduce al origen y mantenimiento de un estado neurodinámico cortical normal que resulta imprescindible para todas las actividades conscientes del hombre. La primera unidad está organizada verticalmente, en niveles de actividad refleja nerviosa, de creciente complejidad, a medida que se “asciende” (en dirección rostral) desde los segmentos neurales hasta el archi y paleocortex, presentando un carácter autorregulado por estos propios sectores corticales y por el neocortex de las restantes unidades funcionales. (Figura 1). A su vez desde las estructuras corticales del archi y paleocortex y desde los niveles subcorticales del diencéfalo y formación reticular diencefálica, descienden conexiones hacia el sistema nervioso segmentario del tallo cerebral, incluida su propia formación reticular, y de la médula espinal, para asegurar el control reflejo de la conducta visceral y somática del organismo. En el trabajo de esta unidad es de resaltar que no interviene exclusivamente a actividad nerviosa refleja sino que existe un control por vía humoral en el que participa
Segunda Unidad Funcional, para recibir, analizar y almacenar información.

La corteza cerebral que constituye esta unidad se encuentra situada por detrás de la cisura central o rolándica y comprende toda la corteza de los lóbulos: parietal, temporal y occipital. En esta región se encuentran los extremos corticales de los analizadores cutáneo-cinestésico, auditivo-vestibular y visual. La corteza de cada uno de los analizadores mencionados presenta un área denominada primaria o de proyección, con un desarrollo considerable de la cuarta capa o corteza granular que recibe la aferencia de cada uno de los núcleos de proyección del tálamo: 1) ventral posterior, para la aferencia cutáneo cinestésica, 2) geniculado medial para la aferencia auditiva y 3) geniculado lateral para la visual.


Esta corteza primaria o de proyección esta organizada somatotópicamente de manera que las aferencias provenientes de diferentes regiones del cuerpo, terminan en lugares específicos de esta área primaria en forma organizada espacial y funcionalmente, de manera que las aferencias de regiones funcionales más importantes o significativas tienen una representación cortical mayor que las correspondientes a regiones de menor importancia funcional. Los estudios electrofisiológicos demuestran que las neuronas constitutivas de la corteza de las áreas primarias de cada analizador sensorial son excitadas por estímulos específicos, provenientes de una sola modalidad sensorial es decir son neuronas modalmente específicas. Así, las neuronas del área primaria del analizador cutáneo-cinestésicos, son excitadas por estímulos táctiles, de presión, de temperatura y dolor, que constituyen la sensibilidad general, las neuronas del área primaria del analizador auditivo, a su vez son excitadas por estímulos sonoros y las del área primaria visual por estímulos luminosos.
Esta especificidad neuronal para la excitación no sólo se observa para la modalidad sensorial correspondiente al analizador en cuestión, sino que es más específica aún, existiendo neuronas, por ejemplo, dentro del analizador visual que son excitadas exclusivamente por un color determinado y no por cualquier color, otras por la dirección del movimiento, otras por la forma del objeto percibido etc. Esta específicidad de la excitabilidad se manifiesta en la mayor parte de las neuronas que componen el área primaria de cada analizador sensorial, produciéndose a este nivel una descomposición de las propiedades o cualidades del objeto percibido consistente en un análisis neurofuncional de las propiedades físicas del objeto. Rodeando el área primaria o de proyección de la corteza cerebral de cada analizador (área 3 (de Brodmann) de la sensibilidad general en la circunvolución retrorrolándica, área 41 (de Brodmann) de la audición en las circunvoluciones de Heschl en la primera circunvolución temporal y área 17 (de Brodmann) de la visión, en los labios y fondo de la cisura calcarina del occipital) se sitúan las áreas secundarias respectivas para cada modalidad sensorial: áreas 1, 2, 5 y parte de la 7 (de Brodmann) en el lóbulo parietal para la sensibilidad general, área 22 y parte de la 21 (de Brodmann) para la audición, que se extiende por la cara convexa del lóbulo temporal y las áreas 18 y 19 (de Brodmann) para la visión las que rodean concéntricamente el área 17 situadas en la cara interna y polo del lóbulo occipital. (Figuras 2 y 3).

La corteza cerebral de las áreas secundarias se diferencia en la citoarquitectura y en la organización funcional respecto de la corteza cerebral de las áreas primarias, existiendo en la primera un desarrollo predominante de la segunda y de la tercera capa, en lugar de la cuarta como ocurre en la última, se diferencia además en sus conexiones tálamo corticales, recibiendo sus aferencias de los núcleos de asociación del tálamo (mientras que la corteza de las áreas primarias lo hace de los núcleos de proyección del tálamo) y de otras regiones de la corteza cerebral en especial de las áreas primarias y sin guardar la organización somatotópica de la recepción del mensaje aferente. Otra característica de las áreas secundarias corticales consiste en que la selectividad de la excitación neuronal respecto a las aferencias es de especificidad menor que en las áreas primarias, produciéndose una convergencia de impulsos aferentes sensoriales de diferente origen dentro de una misma modalidad sensorial, lo que determina que el trabajo de análisis de las áreas primarias sea reorganizado, por la labor de síntesis y codificación témporo- espacial de las respectivas áreas secundarias de cada analizador sensorial.

Las lesiones de estas áreas corticales ocasionan alteraciones funcionales de las respectivas funciones que están vinculadas a estas aferencias sensoriales específicas, siendo el tipo de trastorno diferente si la lesión afecta el área primaria o a la secundaria.
En los animales que tienen corteza y especialmente en el hombre, existe una amplia región del cortex cerebral de esta segunda unidad funcional cuyos vínculos con una modalidad sensorial específica tienen un carácter más indirecto, en realidad sus vínculos no se circunscriben a una modalidad específica, sino a todas las modalidades sensoriales a través de las relaciones intercorticales con los sectores primarios y secundarios de cada uno de los diferentes analizadores, esta región de la corteza cerebral alcanza en el hombre el máximo desarrollo y constituye el área terciaria de los analizadores sensoriales, la que es común para todos ellos, se extiende por una gran parte de la corteza cerebral retrorrolándica y rodea los sectores primarios y secundarios corticales mencionados con anterioridad, localizándose en la zona parieto-témporo-occipital de la convexidad: campos 37, 39, parte del 21, del 7, y el 40 de Brodmann. (Figura 4).
La forma de trabajo del área terciaria es fundamentalmente de integración de los procesos perceptivos de diferentes modalidades sensoriales, contribuyendo a que la realidad se refleje como objeto del conocimiento. Los objetos de la realidad percibidos o reflejados como fuentes de estímulos de las diferentes cualidades del objeto, mediante la actividad refleja condicionada de los animales, pasan a ser percibidos íntegramente de una manera más profunda, sólo posible al producirse la integración funcional del trabajo de los diferentes analizadores sensoriales, lo que tiene lugar por la actividad nerviosa refleja condicionada de ésta área terciaria con la íntima participación del lenguaje y la incorporación obligada con éste de una nueva realidad, consitente en la lengua, constituyéndose anillos de actividad nerviosa refleja condicionada de un orden superior – reflejos condicionados de segundo orden – exclusivos del hombre y una forma psíquica de reflexión superior, la conciencia del hombre como se expuso en la segunda parte de este trabajo: “La conciencia, la actividad nerviosa superior y la realidad objetiva” .
La segunda unidad funcional tiene como función el análisis, síntesis o codificación y almacenamiento de la información, que por las vías específicas de la sensibilidad, alcanza la corteza cerebral. El extremo cortical del sistema anatómico que constituye la segunda unidad, presenta una organización funcional caracterizada en las leyes generales que gobiernan su decurso, descubiertas por Vygotsky en los años treinta del pasado siglo (12). Estas leyes generales o básicas rigen también para la tercera unidad y son:
1) La ley de la estructura jerárquica de las funciones.
2) La ley de la especificidad decreciente de las funciones.
3) La ley de la lateralización creciente de las funciones.
La primera ley o de la estructura jerárquica de las funciones de las áreas corticales, expresa que en lo referente a las funciones, las áreas terciarias organizan el trabajo de las secundarias y éstas a su vez el de las primarias, trayendo como consecuencia, que a medida que se “asciende” el trabajo de análisis más elemental correspondiente al realizado en él área primaria es modificado por un trabajo de síntesis cada vez más complejo, primero en el ámbito de una misma modalidad sensorial, correspondiente al área secundaria de cada uno de los analizadores, y finalmente por un trabajo de integración funcional de todas las modalidades sensoriales a nivel del área terciaria.


En el desarrollo ontogénico, la organización funcional de la corteza cerebral se realiza en sentido “ascendente”, aconteciendo en el niño desde las áreas primarias a las secundarias y por último a las terciarias, mientras que en el adulto la organización funcional se dirige en sentido inverso, o “descendente”, asumiendo las áreas terciarias el “mando” sobre las secundarias y éstas sobre las primarias. Como consecuencia de esta estructura jerárquica de interrelaciones funcionales, las lesiones focales cerebrales aún siendo de igual localización, tienen en el niño consecuencias funcionales diferentes, a las que tienen en el adulto, lo cual es de gran importancia para el diagnóstico y la rehabilitación.
La segunda ley o de la especificidad decreciente de las funciones, se refiere al hecho, de que a medida que se “asciende” desde las áreas primarias a las terciarias, la organización funcional se hace menos específica para una modalidad sensorial en particular. Lo que justifica el que las lesiones en las áreas primarias y en parte de las secundarias, producen alteraciones selectivas de la modalidad sensorial correspondiente al analizador afecto: visual, auditivo, táctil, etc., mientras por el contrario, las lesiones en las áreas terciarias, producen, trastornos diferentes, relacionados con la síntesis de varias modalidades sensoriales y no con una en específico.
La tercera ley o de la lateralización creciente de las funciones, expresa, que a medida que se asciende en el orden jerárquico, se produce una creciente lateralización de las funciones. Esto es causa de una asimetría funcional entre los hemisferios cerebrales de modo que existe uno dominante, que es generalmente el izquierdo, siendo el derecho el subdominante. Aquellas funciones relativamente más sencillas, vinculadas directamente a una modalidad sensorial específica se encuentran representadas por igual o en forma muy semejante en ambos hemisferios cerebrales, mientras que las funciones más superiores no vinculadas directamente a una modalidad sensorial se lateralizan hacia uno u otro hemisferio como ocurre con el lenguaje y las funciones muy relacionadas a éste, que se lateralizan al hemisferio dominante. Esto se produce por el desarrollo desigual de la habilidad manual, desarrollo estrechamente relacionado con la actividad laboral y la escritura, ocurriendo que el hemisferio contralateral a la mano “dominante” asume las funciones del lenguaje y otras muy vinculadas a éste, como la memoria verbal, el cálculo matemático y el pensamiento teórico dependientes todos de la organización verbal.
El hemisferio subdominante ipsilateral a la mano “dominante”, asume otras funciones menos relacionadas con el lenguaje, como la percepción musical, la espacial y la conciencia del defecto propio. La organización funcional asimétrica de los hemisferios cerebrales es propia de la especie humana como lo es también la determinación social de los procesos mentales.
Resumiendo la segunda unidad funcional garantiza el análisis, síntesis y almacenamiento de la información, de importancia primordial de toda cognición, pero que constituye sin embargo sólo el primer eslabón de este complejo proceso, el que necesita para su culminación de la participación de la siguiente unidad funcional o tercera unidad.
Tercera unidad funcional, para la programación control y verificación de las funciones mentales.

La tercera unidad tiene una organización similar a la segunda unidad, presenta un extremo cortical en la neocorteza del lóbulo frontal donde se diferencian tres áreas o regiones, la primaria o de proyección, la secundaria o de asociación y la terciaria de integración. La corteza cerebral del área primaria corresponde al área 4 de Brodmann localizada en la circunvolución frontal ascendente inmediatamente por delante de la cisura central de la que forma su pared anterior y la mitad anterior del fondo, se caracteriza por el notable desarrollo de la quinta capa de neuronas piramidales (piramidales gigantes de Betz) que dan origen al haz córticoespinal, córticonuclear y córticobulbar que constituyen la vía piramidal motora para los movimientos voluntarios. (figura 5).
El área primaria motora está organizada somatotópicamente, igual que las áreas primarias de la segunda unidad funcional, así las neuronas de la parte superior de la circunvolución frontal ascendente, situadas por la cara interna del hemisferio cerebral, se conectan con las neuronas motoras de los segmentos espinales lumbosacros que inervan la musculatura de los pies, piernas y región genital, las neuronas de los sectores medios del área motora situadas en la cara externa o convexa del frontal, hacen sinapsis con las neuronas motoras de los segmentos espinales cervicales que terminan en los músculos de las extremidades superiores, por último las neuronas de los sectores más inferiores de esta área motora, situadas en el opérculo rolándico se conectan con las neuronas motoras de los segmentos del tallo cerebral que terminan en la musculatura que inervan los pares craneales, lo que trae como consecuencia que el control motor voluntario de la mitad opuesta del cuerpo por parte de la corteza motora primaria se ejerce funcionalmente de manera, que se puede representar gráficamente en el denominado homúnculo que es el área que semeja la figura humana orientada con la cabeza hacia abajo y los pies hacia arriba, desde donde la estimulación directa de esta región cortical, produce contracción muscular aislada de diversa localización en dependencia de la zona del homúnculo estimulada. Rodeando por delante al área motora primaria, o área 4 de Brodmann, se encuentran los campos 6 y 8 de Brodmann que constituyen el área premotora o de asociación y por delante de ésta, se sitúan los campos 9, 10, 11, 12, 44, 45 y 46 de Brodmann, en una amplia región constituida por la corteza del área terciaria o de integración, conocida como región o área prefrontal.

La organización de la actividad motora voluntaria es muy compleja y necesita del concurso de otras regiones corticales sensoriales. En el área motora primaria se originan los impulsos que producen los movimientos que integran cualquier acto motor, lo que ocurre mediante la formación de estereotipos funcionales o dinámicos de impulsos motores, que partiendo de esta área primaria, se encuentran organizados espacial y temporalmente. La organización espacial se logra mediante la síntesis de los impulsos nerviosos sensoriales, realizada por la intervención de los sectores corticales de la segunda unidad que reciben las aferencias procedentes de la piel, músculos, tendones y articulaciones a las que se añaden las no menos importantes síntesis e integración de las aferencias auditivas, vestibulares y visuales, y mediante la organización dinámica o temporal de la corriente motora, debido a la síntesis de los impulsos motores realizada por los sectores premotores o secundarios de la tercera unidad, que se convierten así, en estereotipos dinámicos que aseguran la fluidez de la inervación motora de los diferentes actos que constituyen los movimientos voluntarios.
Todo movimiento es una actividad compleja que no se reduce al componente eferente sino que necesita de una aferentación de retorno que informa de las condiciones en que transcurre el acto motor lo que permite el control y la normal realización del mismo; una parte importante de este control requiere del trabajo conjunto de la segunda unidad y de los sectores motores y premotores de la tercera unidad. Pero todo movimiento voluntario obedece a una planificación consciente que aspira lograr unos objetivos previamente enunciados, lo que complica aún más la organización de la actividad motora voluntaria, la que obviamente queda bajo el control del lenguaje interno.
En la cognición o reflejo de la realidad objetiva, el sujeto del conocimiento (el hombre) no desempeña un papel pasivo, todo lo contrario, la cognición del objeto por el sujeto, sólo se logra cuando el sujeto, interactúa con el objeto, estableciendo con éste múltiples relaciones por medio de la cuáles y sólo a través de éstas, se logra reflejar o conocer la esencia de los fenómenos.
La acción práctica del sujeto con el objeto, constituye el inicio, desarrollo y final de toda cognición. La praxis constituye además el criterio de la verdad del conocimiento alcanzado por el hombre. En toda la actividad cognoscitiva del hombre está el quehacer práctico que permite no sólo adaptarse a la realidad, sino transformarla de acuerdo a los objetivos e intereses del individuo y de la sociedad, dentro del marco que establece el desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología de una época histórica determinada. Tal complejidad de la cognición humana cristalizada en la actividad consciente del hombre, requiere del trabajo de los sectores corticales prefrontales, los más desarrollados del cerebro humano y que lo diferencian de manera significativa del desarrollo alcanzado por el cerebro de los primates más evolucionados.
El área terciaria prefrontal del hombre tiene una connotación especial desde el punto de vista funcional, en realidad su trabajo no se circunscribe al marco de la tercera unidad, sino que incluye las restantes unidades con las que tiene amplias conexiones. Se conoce que los sectores orbitales y mediales de la región prefrontal tienen amplias conexiones de “ida y vuelta” con la primera unidad lo que asegura la activación general y particular de la corteza cerebral para la vigilia y la atención selectiva necesaria para todas las funciones mentales así como del componente afectivo de regulación, presente en toda actividad humana consciente. El hombre no sólo conoce la realidad sino que ésta tiene siempre una significación para el individuo. Los sectores prefrontales de la convexidad tienen amplias conexiones con toda la neocorteza de la segunda unidad, también de “ida y vuelta” directa o indirectamente a través del núcleo dorsomedial del tálamo, mediante las cuales recibe toda la información previamente procesada por la segunda unidad, y envía información que es reguladora de la actividad de los analizadores sensoriales corticales de la segunda unidad, los que quedan así subordinados funcionalmente a los sectores prefrontales, integrándose de esta manera anatómica y funcionalmente la unidad del órgano (sistema nervioso) y con ello el propio individuo.
La organización anatómica y funcional de la región prefrontal hace de ella en propiedad, no sólo el que sea el área terciaria de la tercera unidad a las que se le subordinan funcionalmente las áreas, premotora y motora, sino que sea la región que subordina el funcionamiento de todo el neocortex de la segunda unidad y los sectores más antiguos del archi y paleocortex de la primera unidad. Esta organización permite comprender que si bien existen regiones de trabajo diferenciado en la corteza cerebral con funciones específicas y diferentes, al mismo tiempo el sistema nervioso constituye un órgano único, siendo precisamente la región correspondiente a la tercera unidad y en especial los sectores prefrontales de la corteza cerebral donde se asegura la unidad del individuo, donde las diferentes funciones quedan subordinadas y reguladas a la acción de la voluntad de la persona.
La concepción de las tres unidades funcionales del sistema nervioso que participan en toda actividad psíquica consciente constituye un gran logro del pensamiento científico y supera las limitaciones de la concepción psicomorfológica en sus dos variantes y enriquece la concepción refleja inicial, que se enuncia con Sechénov (13) y que se materializa más tarde con Pavlov.
Luria al elaborar esta concepción, integra el principio reflejo de la actividad nerviosa y los descubrimientos de la fisiología en especial los relacionados con la formación reticular y el sistema reticular activador ascendente propiciador del tono óptimo cortical para la vigilia y la atención selectiva, con los datos de la neuroanatomía comparada y con el desarrollo alcanzado por la escuela de psicólogos materialistas soviéticos.
La concepción de las tres unidades funcionales de la actividad consciente del hombre tiene una enorme trascendencia en la clínica y en la investigación neurológica y neuropsicológica debido a su carácter objetivo, fruto del desarrollo alcanzado por las neurociencias en este campo.
En resumen en todas las funciones mentales intervienen las tres unidades funcionales, la primera y más antigua, es la encargada de regular las funciones vitales que garantizan la integridad del individuo y la supervivencia de la especie, regulando además la conducta instintiva alimentaria, la sexual y de defensa y de producir el tono óptimo de activación de la corteza cerebral no sólo del archi y paleocortex, sino del neocortex de la segunda y tercera unidad, imprescindible para cualquier proceso normal de consciencia del hombre. La segunda unidad tiene como función la del análisis, codificación o síntesis y almacenamiento de la información procedente del entorno, primer paso de la cognición y la tercera unidad la de planificar, regular y verificar de acuerdo con lo planificado toda la actividad consciente.
Esta concepción de las tres unidades que participan en todo proceso mental consciente del hombre es la más avanzada y se justifica por lo siguiente:
1- Se apoya en todos los descubrimientos científicos precedentes y se ha visto confirmada hasta la actualidad por los más recientes.
2- Tiene en cuenta el carácter reflejo de toda la actividad nerviosa y de los procesos mentales.
3- Explica la unidad del órgano nervioso, donde se incluye lo periférico y lo central, lo aferente y lo eferente y la diversidad e interrelaciones funcionales de los sistemas neuronales constitutivos.
4- Tiene en cuenta en el caso del hombre la influencia en la organización anátomofuncional del sistema nervioso, de factores esenciales, de origen social, como el trabajo y el lenguaje.
5- Por último la concepción es materialista dialéctica, reconociéndose la determinación objetiva de los fenómenos psíquicos, y el carácter mediato de la reflexión, que se refracta a través de las condiciones internas del sujeto.

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